Fútbol Para Todos (FPT) era una herramienta excelente y la desactivaron, con el argumento (a mi criterio, falaz) de que era una mentira, una ilusión y una irrealidad que el Estado haga "semejante gasto" en algo tan superfluo como la televisación del fútbol. Habiendo zonas del conurbano sin cloacas, habiendo tanta pobreza, ¿como vamos a gastar en el televisar fútbol?. Ese era a grande rasgos el argumento por el cual el Estado debía inmediatamente dejar de pagar el FPT.
Pero FPT no era un mal gasto, no era derrochar plata. FPT era una gran inversión. Y voy a intentar explicar por qué:
La televisación del fútbol es un negocio gigante, porque tiene una audiencia enorme (medida por el altísimo rating de los partidos) lo cual permite a quién lo controle llegar a muchísima gente de manera muy masiva. (Con internet y redes sociales esta masividad se potencia aún más a niveles desorbitantes). Esta masividad permitiría al Estado llegar muy fácilmente a la gente con campañas de diversa índole pero todas de interés social:
1) campañas de concientización sobre seguridad vial,
2) campañas de prevención de adicciones,
3) campañas de lucha contra el cáncer o el SIDA,
4) campañas anti discriminación o en contra de cualquier tipo de violencia,
5) Comunicación de Flashes Informativos para que la gente se mantenga al tanto de las cosas que pasan en el mundo.
6)Comunicación de eventos importantes, como la proximidad de alguna elección, Congreso, Seminario, etc
7) Campañas de promoción de los valores, fechas y símbolos patrios
8) Campañas educativas para que la gente conozca la historia del país y del mundo brevemente
9) campañas de promoción de cortometrajes, cine o series de producción local
10) espacio de difusión de artistas, bandas musicales, y todo tipo de personaje importante de la cultura nacional.
Etcétera.
Sin embargo, el gobierno Kirchnerista lo administró mal. Lo utilizó como un arma monstruosa de propaganda política que alarmó a la oposición y la mayoría se convenció de que el Estado no debía gastar en eso.
Pero hay un error a mi criterio. El Estado NO TIENE QUE GASTAR EN propaganda política, eso sí, pero SI EN FUTBOL PARA TODOS.
No teníamos que borrar de un plumazo el FPT, teníamos que modificarlo. Macri y su gobierno debieron mejorar el programa para extirpar todo rastro de propaganda política y dejarlo en manos del Ministerio de Desarrollo Social o incluso del de Educación. No volver a privatizarlo como si hubiera sido un error del gobierno anterior que tenemos que corregir para volver a como eramos antes.
Las empresas no invertían en FPT porque era una maquinaria de propaganda del gobierno oficialista y, por lógica, ninguna empresa quería quedar pegada a un partido político.
Pero si Macri enviaba al Congreso de la Nación un proyecto de LEY ANTI-PROPAGANDA POLÍTICA EN FPT, que prohíba la transmisión de cualquier tipo de propaganda política directa, indirecta, explícita o implícita durante las transmisiones de FPT (nada de cartelería en los estadios, ni pequeños zócalos, ni comentaristas que tiran bocadillos políticos sutiles, ni spots, etc) entonces FPT se volvería completamente apartidario y totalmente social. Las empresas verían la inversión en publicidad en FPT como parte de sus ESTRATEGIAS DE RSE (Responsabilidad Social Empresaria) y FPT se hubiera podido convertir en una herramienta autosustentable, financiada por empresas privadas pero administrada por el Estado. Tal vez los primeros años hubiera seguido siendo financiado por el Estado, pero esa inversión pudiera haber ido reduciendose progresivamente con el tiempo y reemplazandose por inversiones privadas a través de publicidades comerciales, sponsoreo de las copas y los torneos, etc.
En conclusión, FPT no había que eliminarlo, había que mejorarlo. HABÍA QUE SACARLE LA PROPAGANDA POLÍTICA Y USARLO EXCLUSIVAMENTE PARA FINES SOCIALES. Tiene muchos beneficios. Por ejemplo:
1) contribuye a la unión y la felicidad familiar, ya que permite que las familias se junten los fines de semana a ver los partidos en la calidez de cada hogar. Une familias y amistades. No más grieta.
2) permite que la gente en los entretiempos reciba información valiosa de concientización y educación como se menciona arriba, en vez de propaganda política.
3) Sirve como un calmante social para tiempos de crisis, ya que el trabajador que durante la semana vive estresado por su trabajo inestable y la plata que no alcanza, pueda sentarse el fin de semana a disfrutar del fútbol en su hogar (sin FPT llega el fin de semana y la frustración sigue porque no puede ver el partido porque "no pagó el codificado", o sea, más plata de la que no tiene que tiene que conseguir. Todo es plata en la vida y ese pobre hombre no tiene respiro ni en el fin de semana). Esto aumenta las frustraciones sociales, la impotencia, la sensación de debilidad, la tristeza.
Y así muchos más.